4 Usos de la cinta elástica que jamás habrías imaginado

¿Sabías que la misma cinta elástica que utilizas en tantos trabajos de costura puede tener muchos otros usos en el hogar? Te damos algunas ideas muy imaginativas que hemos visto en algunos vídeos y que nos han parecido de lo más divertidas e interesantes.

– Úsala en tornillos con la cabeza dañada: Seguro que más de una vez has intentado desenroscar un tornillo y te has encontrado con que el destornillador no engancha las muescas de la cabeza porqu estas se han gastado. Una solución está en poner sobre la cabeza del tornillo una goma elástica fina. De esta manera, al colocar el destornillador, la goma toma la forma de la muesca pero le da un poquito más de grosor facilitando el poder quitar el tornillo.

– Convierte tus perchas en antideslizantes: Más de una vez, al colgar la ropa en las perchas habrás visto como se resbalan y acaban cayendo. El plástico de las perchas no combina bien con tejidos suaves, que se deslizan con mucha facilidad. Un truco muy bueno para evitarlo es coger una goma elástica del ancho de dos o tres dedos y colocarla en cada uno de los lados de la percha. Puedes darle varias vueltas para que quede bien encajada y no se mueva. La goma ya no resbala, porque su superficie es rugosa, evitando que la ropa se caiga.

-Proteger tus cintas de tela: Si te gusta coser seguro que tienes varios rollos de cinta de tela en tu casa. Al guardarlos en una caja es normal que acaben soltándose y que se enreden entre sí. Una manera de evitarlo y además de proteger la cinta para que no se ensucie es colocando encima un trozo de cinta elástica más o menos del mismo ancho. La goma sujetará la cinta evitando que se desenrosque y además cuidará que no se manche ni se doble, estando siempre impecable.

-Abrir botellas y botes: Para abrir bien una botella de refresco o un bote a menudo el problema no está en la fuerza, sino en que se nos resbala y no podemos girar la mano con el suficiente agarre. Si colocas un trocito de cinta elástica alrededor del tapón o de la tapa ocurrirá como con las perchas, dejarán de resbalar y se podrá abrir con mucha mas facilidad evitando tener que hacer tanta fuerza en la muñeca.

Un mes mirando zapatillas

No me gusta comprar cosas, me aburre. No soy muy permeable a esa satisfacción en la que se apoya nuestra sociedad consumista, ese efecto agradable pero fugaz de comprar algo que nos gusta. Soy un bicho raro, lo sé. Me gusta tener cosas que me gustan, valga la redundancia, pero cada vez siento menos satisfacción por lo nuevo y, por el contrario, cada vez me atrae más comprobar cómo pasa el tiempo por los objetos.

Lo voy a explicar de forma sencilla: me pueden gustar más mis zapatillas viejas que cualquiera nueva. Prefiero salir a la calle con algunas de mis zapatillas deportivas de cordon trenzado con varios años de antigüedad que con unas nuevos y relucientes. Mi madre me ha dicho alguna vez que parezco un pordiosero, pero “cada uno hace va como quiere, mientras no infrinja ninguna ley”, le digo yo.

Me gusta la ropa con historia, por decirlo así, pero también es evidente que hay que cambiar de vez en cuando, sobre todo si la ropa se rompe… Así es que ha llegado el momento de añadir unas zapatillas a mi colección.

No me gusta comprar, pero si he de hacerlo, me lo tomo con suma calma. La suerte de hoy en día es que no tengo que ir a decenas de tiendas como hace años, cosa que me gusta menos que comprar… Por internet puedes hacerte una idea de lo que hay en el mercado y luego ir a una tienda ‘a tiro fijo’, o comprarlo directamente por internet.

Sabía exactamente lo que buscaba en este caso: unas zapatillas de tela o lona con cordon trenzado, frescas y liviana para el verano. Mi intención era apostar por alguna marca poco conocida, algo diferente que las tres o cuatro marcas conocidas por todos.

Tras las primeras batidas, me decepcioné un poco: la mayoría de zapatillas no eran demasiado originales. Había lo de siempre. Pero al final descubrí unas con decoración de camuflaje, pero muy sutil, nada escandaloso. Me pareció interesante y me las llevé. La próxima vez que vaya a casa de mi madre las llevaré puestas, limpias y nuevecitas, para que no me confunda con un mendigo y me corra a escobazos…