Cuatro caminos señalizados para conquistar los miradores más bellos del océano

Cuando alguien me pregunta por descubre las rutas de senderismo en las Cíes, suelo responder que no hay una única forma de recorrer el archipiélago, sino varias, cada una con su propio carácter, su exigencia física y su recompensa paisajística. Las Cíes no son un lugar para hacer turismo de sofá, sino para caminar, sudar un poco, respirar salitre y descubrir que Galicia guarda rincones que parecen sacados de otro planeta. Entre acantilados, pinares, dunas y aguas turquesas, los senderos señalizados ofrecen opciones para todos los niveles, desde el excursionista curtido hasta el paseante ocasional que solo quiere llegar a una playa bonita sin acabar destrozado.

La ruta más exigente, y también la más gratificante para quienes buscan vistas panorámicas, es la ascensión en zigzag hacia el monte Faro. Este camino serpentea por la ladera de la isla de Monteagudo, ganando altura de forma progresiva pero constante, con curvas que parecen no acabar nunca. El esfuerzo se compensa con creces: desde arriba, la vista sobre el archipiélago, la ría de Vigo y el océano Atlántico es simplemente espectacular. En días claros se pueden distinguir las costas de Portugal, las islas Cíes en toda su extensión y esa sensación de estar en el techo del mundo, aunque el mundo sea una isla de pocos kilómetros cuadrados.

El tiempo estimado para completar esta ruta depende mucho del ritmo y de las paradas para recuperar aliento, pero conviene reservar al menos dos o tres horas solo para la subida, sin contar la bajada ni las paradas para hacer fotos. El calzado es fundamental aquí: nada de chanclas, alpargatas o zapatillas de lona. Se necesita una bota o zapatilla de montaña con buena suela, agarre y sujeción del tobillo, porque el terreno es pedregoso, puede estar húmedo por la niebla o la lluvia y una torcedura en mitad de la isla no es precisamente un plan divertido. Llevar agua es obligatorio, y conviene calcular al menos un litro y medio por persona para la subida, más si hace calor.

En contraste, los paseos más llanos hacia la puerta del faro da Porta o hacia la cala de Figueiras ofrecen una alternativa mucho más relajada para quienes no quieren sufrir. El camino hacia el faro da Porta discurre por zonas de menor pendiente, con vistas al mar y acceso a puntos de interés sin necesidad de sudar la camiseta. Es ideal para familias con niños, para personas mayores que quieren disfrutar del paisaje sin exigencias extremas o para quien simplemente quiere pasear sin prisa. El tiempo estimado ronda la hora u hora y media, dependiendo del ritmo y de las paradas, y el calzado puede ser algo más flexible, aunque siempre conviene llevar calzado cerrado y cómodo por los caminos de tierra.

La cala de Figueiras, por su parte, es uno de esos destinos que justifican el viaje por sí solos. La ruta para llegar es relativamente llana, con un trazado que serpentea entre vegetación mediterránea y vistas al mar, y la recompensa final es una playa de arena blanca y aguas cristalinas que parece sacada del Caribe. El tiempo de caminata es de unos cuarenta minutos a una hora, dependiendo del punto de partida, y el calzado puede ser una sandalia deportiva o una zapatilla cómoda, aunque conviene llevar algo más robusto si se piensa caminar por los senderos de tierra que conectan con otras zonas de la isla.

Los puntos de agua potable son limitados, y este es un detalle que conviene tener muy presente. En las Cíes no hay fuentes en cada esquina ni supermercados cada cien metros. Los puntos de suministro se concentran en las zonas de servicios, cerca del puerto y en algunas áreas de descanso, pero una vez que te adentras en los senderos, estás solo con lo que llevas. Por eso, mi consejo es cargar con suficiente agua desde el principio, rellenar cuando sea posible y no confiar en encontrar agua en el camino. Una botella reutilizable de buen tamaño es la mejor inversión para cualquier excursión por el archipiélago.

La elección de la ruta depende del estado físico, del tiempo disponible y de las ganas de sufrir. Si buscas vistas espectaculares y no te importa sudar, el monte Faro es la opción. Si prefieres comodidad y paisaje sin esfuerzo extremo, el faro da Porta o la cala de Figueiras son alternativas más amables. Y si tienes un día completo, se pueden combinar varias rutas, aunque conviene calcular bien los tiempos para no perder el último barco de vuelta.

El calzado, el agua y la previsión son los tres pilares de cualquier excursión por las Cíes. No se trata de ir equipado como para escalar el Everest, pero sí de tener lo básico para caminar con seguridad y sin sustos. Una mochila ligera, protector solar, algo de comida y calzado adecuado son suficiente para disfrutar del día sin complicaciones.

Caminar por las Cíes es una experiencia que va más allá del ejercicio físico. Es una forma de conectar con un paisaje salvaje, de respirar aire limpio y de descubrir que la naturaleza gallega tiene mucho que ofrecer a quien se toma el tiempo de explorarla. Cada sendero tiene su propia personalidad, su propio ritmo y su propia recompensa. La clave está en elegir el que mejor encaje con tus ganas, tus piernas y tu espíritu aventurero.